La penúltima…

Era uno de esos días en los que quería salir corriendo sin rumbo, sin plan, sin nada. Sentía la necesidad de escapar de todo, sin ninguna razón aparente.

El año estaba llegando a su fin y yo quería que con el se fueran todos los sentimientos que de una forma u otra me detenía.

Recibo un texto, que me invitaba a un encuentro tan necesario como la llegada del 2017. Sonrío, accedo y salgo a reunirme con este amigo (del cual una vez me ilusioné) para arrancar en una hora y media lo que arrastraba del 2016.

Una gasolinera y un par de cervezas. Hablamos de la vida, los amores, el trabajo … Reíamos en ocasiones por la extraña química que consolidó nuestra amistad.

 
Como si fuera una sesión con un psiquiatra… el tiempo se acaba.

Nos miramos, sonreímos y con el penúltimo sorbo de cerveza prometemos vernos nuevamente el próximo año.

El día más triste y hermoso en la memoria de mi 2016

Y ahí estábamos, los dos en silencio con una cerveza a medias… descubriendo lo terrible de la adultez y viendo cómo se desmoronaban los sueños frente a nuestros ojos. 

Recoste mi cabeza en su hombro, suspiré, sin que fuera necesario dar explicaciones. 

El tiempo pasaba y sentados dejábamos escapar pedazos de vida, ilusión y esperanza. Con el único consuelo de que todo estaría bien… porque eventualmente todo estará bien.

¡Adiós 2016!