Primera noche en la calle Cerra 


 En la esquina de Watusi cerca de puerta sosteniendo la cartera con el brazo, mientras en la mano izquierda cargo con actitud y dignidad un Cuba Libre. 

Paseo mi vista y descubro un sin número de personalidades, diferentes nichos.

La salsa retumba en esta esquina, uno que otro corea algún estribillo, mueve la cabeza buscando el ritmo, pero nadie baila , nadie. 

Es evidente la danzas dramática de las historias que cada uno de los presente comparte con sus acompañantes. 

Brincos, abrazos, brazos arriba, brazos flexionados, manos en bolsillos ajenos, encendiendo cigarrillos , aventurado en una rodilla, una cintura y si tienen suerte un poco más abajo o arriba.

Apenas son las 8:30 de la noche, solo he bebido una cuarta parte de mi trago. Mis amigas no han llegado y acaban de enviarme un texto para confirmarme que llegaran más tarde mucho más de lo esperado.

¿Qué hago? ¿Qué hago? Respiró profundo, sonrió y doy un sorbo al Cuba Libre, pero no demasiado (hay que evitar a toda costa estar ebria, sin supervisión).

Trató de no ser presa del pánico, estoy aquí enfrentando mis miedos beber sola y estar rodeada de gente SOLA. 

No hay ni una cara conocida, ni la leve sospecha de un “mmm, yo como que te he visto” nada.

Mientras, me escondo en mi celular, como la más interesante, las más que textea, la de los cyber friends y ni eso.

En medio de la soledad y el aburrimiento, la cosa se torna interesante… escucho unos gritos, un lloriqueo y SORPRESA en medio de este bembé en la calle Elisa Cerra en Santurce hay un niño rabioso que no disfruta del ambiente.

Un cara conocida… mierda pasa muy rápido se me escapa y no logro alcanzarlo. 

De momento viene a mi mente, ¿pasaré desapercibida en esta multitud o me estarán juzgando?

Una hora después, dos Cuba Libre y un par de nuevas conocidas de la edad de mi abuela, llegan mis amigas.

Comienzan a presentarme sus amigos y resulta que la mayoría de los que estaban en el lugar trabajaban con ellas. 

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