Vodka con Coca Cola 

“Tu no estás extremadamente gorda, tú eres llenita” Con ese cumplido lleno de alegría y coquetería me abofetearon en la noche del martes.
A pesar de haber recibido decenas, no, decenas no, cientos de cumplidos por lo joven que me veo. Viene éste y me sale con estas cosas.

Yo sé que estoy un poco pasada de peso, pero tampoco es para tanto… Mientras yo me creía una mamacita, aunque la verdad es que me veía como una mamasota regordota.

Al final de la noche en la discoteca conseguimos nuevos amigos. Unos gringos de Tenneessee extraños, medios monos, pero muy divertidos.
Rondan las tres de la mañana, un letrero lee que habrá una fiesta de espuma. Comento el suceso, una cosa da a la otra y termino apostando que si pierdo, nadaré en la playa de noche.

Al día siguiente, me levanto temprano corro al buffet y luego participó de todos los eventos. Me encuentro con mi nuevo amigo sonrío con la coquetería a la máxima potencia y con aires de altivismo y seguridad señalo un letrero gigante que ondea en medio de la piscina “Foam Party at 4pm”. El arqueó ceja, seguido de un lo creeré cuando lo vea.

Risa, alcohol, juegos, más risas y obviamente más alcohol… Nos sorprende las cuatro de la tarde no hay señales de espuma, cuatro y media al fin llega la máquina… 3, 2… “Lo sentimos pero la máquina se daño posponemos la fiesta para el sábado”.

No tenía un espejo, pero mi cara de coraje, frustración y asco al saber que tendría que nadar en una playa llena de algas en la noche, debió haber sido “priceless”. De sólo recordarlo me da cosa.

Llegó la noche, fuimos a la disco me encontré con otras amistades… Entre el baile y el alcohol, solo pensaba en lo que me esperaba en un par de horas.

Para mi sorpresa mi amigo el gringo Colora’o, alto y grandote (no por musculoso, sino por chubby, pero el cute way, parecía el osito de Suavitel) con el que hice la apuesta… Ese mismo, había logrado sacar a bailar a una rusa, delgada, ebria, bonita… ok, ok, ok, MUY BONITA, toda una jevota.

Mientras yo la chaparra cute, caribeña, simpática que estaba lista para tirarse a la playa apestosa por un flirteo, había quedado en el olvido.

¿Quién? ¿Dónde? ¿Te conozco? La sangre me hirvió, abrí los orificios de la nariz como si fuera un toro, se quebró mi corazón y dije: “Here we go again”.

Esto es increíble, lo mal que mi estrategia de conquista… ”

Bartender Vodka con Coca Cola por favor”.

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Agridulce 

Regresamos a la aventura… comenzamos con una cerveza oscura con aftertaste de chocolate, tal parece que es la mejor combinación para un día de stress, nostalgia y un poco de mal de amores. 

Tus sabes, cuando te das por vencida de la vida, no sabes que hacer, pides una señal y boom en tu carota.

 No te gusta esa realidad, pero era lo que querías y hasta lo que necesitabas. 

Escucho a Jarabe de Palo pidiéndome que “grite” respiro hondo y deseo poder gritar, pero el lugar está repleto de gente…

Y como dice la sociedad, la niñas buenas y decentes no gritan, se sientan con la espada derecha y ríen con mesura… pero adivina qué… no soy capaz de ninguna de ellas. 

Mientras escribo una doña se me acerca y pregunta si la silla junto a mi está disponible…

-“estoy esperando a alguien”

– “pues cógela” (dice a regaña dientes)

Con sabor agridulce, agarro la silla y la arrastró hacia mi. 

Recorro el lugar con la vista y llegas tu… Hablamos, bebemos, reímos y bebemos un poco mas… Luego de un par de melodías, gente nueva e incontable botellas de cerveza, termino comiéndote a besos. 

Fue extraño, inapropiado y seductor.

 Miro el reloj, el tiempo pasa volando , tu auto no tiene gasolina y yo debo correr a mi casa… Ya se pasó la media noche y me volví calabaza.

La química era genuina, pero el tiempo equivocado. 

Ahora sólo somos amigos. 

Romance caribeño

Ok. Definitivamente tengo que deshacerme de la idea que en cualquier  lugar que llegue y/o vaya a conocer accidentalmente al amor de mi vida. Porque ciertamente así no será. Sin embargo puedo admirar el sin número de eventos románticos, gracioso dignos de contarse una y otra vez. 

Pese a que me he sorprendido una y otra vez con mi fallidos intentos de conectar con mi “Sweet forever Love” aún no termino de convencerme de que eso no es para mi.  


Aquí un par de amigos, muy monos por cierto salieron a conquistar dos guapas Europeas que parecían sacadas de una revista. Pero no cualquier sino de estas de belleza digna de admirar, sin tener nada que envidiarle a las guapísimas Ángeles de Victoria Secret. Luego estoy yo una caribeña guapa, pero pasada de peso… Pasemos a lo importante…

El valiente de los dos rompe la ley del hielo, haciendo una movida clásica, evidente pero efectiva.

Si, logra tener su atención pero cuidado hay un pequeñísimo problemas, las bellezas angelicales no hablan su idioma. No inglés, no español. 
Entre señas, mal interpretaciones, una que otra risa a carcajadas (en realidad esa fue mía) llega ayuda celestial. Una pequeña jovencita habla los dos idiomas … en un abrir y cerrar de ojos, la niña es integrada como agente clave en la operación de contristas de las espectaculares mujeres.

Mientas entre la envidia, el sol y la brisa caribeña…río y sufro por la escena una y otra vez.

Primera noche en la calle Cerra 


 En la esquina de Watusi cerca de puerta sosteniendo la cartera con el brazo, mientras en la mano izquierda cargo con actitud y dignidad un Cuba Libre. 

Paseo mi vista y descubro un sin número de personalidades, diferentes nichos.

La salsa retumba en esta esquina, uno que otro corea algún estribillo, mueve la cabeza buscando el ritmo, pero nadie baila , nadie. 

Es evidente la danzas dramática de las historias que cada uno de los presente comparte con sus acompañantes. 

Brincos, abrazos, brazos arriba, brazos flexionados, manos en bolsillos ajenos, encendiendo cigarrillos , aventurado en una rodilla, una cintura y si tienen suerte un poco más abajo o arriba.

Apenas son las 8:30 de la noche, solo he bebido una cuarta parte de mi trago. Mis amigas no han llegado y acaban de enviarme un texto para confirmarme que llegaran más tarde mucho más de lo esperado.

¿Qué hago? ¿Qué hago? Respiró profundo, sonrió y doy un sorbo al Cuba Libre, pero no demasiado (hay que evitar a toda costa estar ebria, sin supervisión).

Trató de no ser presa del pánico, estoy aquí enfrentando mis miedos beber sola y estar rodeada de gente SOLA. 

No hay ni una cara conocida, ni la leve sospecha de un “mmm, yo como que te he visto” nada.

Mientras, me escondo en mi celular, como la más interesante, las más que textea, la de los cyber friends y ni eso.

En medio de la soledad y el aburrimiento, la cosa se torna interesante… escucho unos gritos, un lloriqueo y SORPRESA en medio de este bembé en la calle Elisa Cerra en Santurce hay un niño rabioso que no disfruta del ambiente.

Un cara conocida… mierda pasa muy rápido se me escapa y no logro alcanzarlo. 

De momento viene a mi mente, ¿pasaré desapercibida en esta multitud o me estarán juzgando?

Una hora después, dos Cuba Libre y un par de nuevas conocidas de la edad de mi abuela, llegan mis amigas.

Comienzan a presentarme sus amigos y resulta que la mayoría de los que estaban en el lugar trabajaban con ellas. 

Miradas…

Carmen Yulín Cruz con altoparlante en mano canta desde su balcón frente a la Plaza de Armas, al mar de gente que con panderos, trompetas y maracas siguen el ritmo característico de las fiestas de la San Se.
“Los buenos somos más, los buenos somos más” corean todos y yo los acompaño.

De repente a mi izquierda, estás tú con un recorte perfecto, una barba rojiza (con cada cabello donde debe estar), en una de tus pantallas cuelga una cruz. Perfecta estampa de un pirata.

Cruzamos miradas, una, dos veces…

Yulín le pide al gentío que se vaya que la guagua los espera.

Volvemos a conectar miradas, esbozo una sonrisa, giró 90 grados y me marcho lejos de ti.

Como sacado de una película, me sigues, tocas mi hombro y comienzas hablar.

Confieso que me quedé de hielo, (¿esto está pasando de verdad?) de todo lo que dijiste lo primero que entendí fue: “Estás cosas no pasan” no pude evitar reír.

Mientras, tus ojos oscuros me miraban bonito y fijo, como si quisieran descubrir mi vida con solo mirarme a la cara.

Estoy confundida, no sé quién eres, pero se siente bien, muy bien.

Me miras con tus ojos penetrantes, exploras mi sonrisa, retrocedes unos pasos para admirar mi maranta y de repente el centenar de personas a nuestro alrededor desapreció.

– “… vivo en California, pero si me das tu número, así conectamos.”

Lanzo una mirada de duda, que sorprendentemente te hace suspirar.

– “Ok, solo dime tu número y si logro recordarlo es que valgo la pena”

Después de dudarlo un poco más, susurro mi número y me pierdo entre la multitud.

No miré atrás, seguí caminando, minutos más tarde lamenté no haber escrito mi número en un papel o agregarlo a mis contactos (tenía el celular y hasta un bolígrafo, pero no hice nada) o algo así.

Todo quedó en suspenso, como un sueño, una ilusión enmarcada con una dulce y agradable sonrisa.

Tú ese pirata, yo esa mulata que se encontraron y perdieron en el mar de las fiestas de la calle de San Sebastián.

 

Caída Libre

No fuerces las cosas, deja que todo siga su propio rumbo, como el río, el viento, la gravedad…

Intenta que la vida te sorprenda, pero no te quedes inmóvil.

Brinca, corre, vuela, ama, muere de risa y al final cuando tengas las rodillas peladas, estés sin aliento y con tantas memorias que no tengas espacio para archivar…

Sonríe, respira, déjate llevar por una caída libre y ve por más.

La penúltima…

Era uno de esos días en los que quería salir corriendo sin rumbo, sin plan, sin nada. Sentía la necesidad de escapar de todo, sin ninguna razón aparente.

El año estaba llegando a su fin y yo quería que con el se fueran todos los sentimientos que de una forma u otra me detenía.

Recibo un texto, que me invitaba a un encuentro tan necesario como la llegada del 2017. Sonrío, accedo y salgo a reunirme con este amigo (del cual una vez me ilusioné) para arrancar en una hora y media lo que arrastraba del 2016.

Una gasolinera y un par de cervezas. Hablamos de la vida, los amores, el trabajo … Reíamos en ocasiones por la extraña química que consolidó nuestra amistad.

 
Como si fuera una sesión con un psiquiatra… el tiempo se acaba.

Nos miramos, sonreímos y con el penúltimo sorbo de cerveza prometemos vernos nuevamente el próximo año.